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El mercado ejecutivo latinoamericano

La reputación que no viaja

Por qué el mercado no ubica a ejecutivos excelentes, y por qué eso casi nunca es culpa del ejecutivo.

Una directora financiera con veintidós años de trayectoria sale en términos impecables de un grupo industrial cotizado. Hace todo lo que se supone que hay que hacer. Ordena su situación, se toma seis meses para decidir con calma, elige una ruta. Por primera vez en dos décadas tiene claridad estratégica sobre lo que quiere construir.

Ocho meses después no ha tenido una sola reunión seria con un cliente potencial.

No le falta competencia. No le falta red. Lo que ocurre es más simple y más incómodo: nadie en su mercado sabe que está disponible, qué resuelve, ni por qué llamarla a ella y no a alguno de los otros doce ex directores financieros con su mismo perfil.

Esta escena se repite con una regularidad que deja de parecer anecdótica. Y la explicación habitual, que hay que hacer más networking o cuidar más la marca personal, no solo es insuficiente. Es un diagnóstico equivocado que hace perder meses.

Dos reputaciones que no son la misma

Un ejecutivo que pasa quince o veinte años en una organización construye una reputación real. No es percepción vaga: es un conocimiento preciso y distribuido dentro de la empresa sobre el valor exacto de su criterio. Sus pares saben en qué reunión vale la pena tenerlo, qué tipo de problema resuelve mejor que nadie, cuándo su opinión debe pesar más que la del organigrama.

Eso es un activo genuino y costó años construirlo.

El problema es que ese activo tiene una propiedad que casi nadie examina hasta que la necesita: no es portátil. Vive dentro de un perímetro. Y en el mercado exterior, el nombre de esa persona viajó siempre acompañado de un logo que hacía el trabajo de descripción.

Cuando el logo deja de estar, el nombre viaja solo. Y sin descripción.

De ahí viene el fenómeno que más desconcierta a quien lo vive. Mandas cuarenta o sesenta mensajes. Te responden casi todos, con calidez auténtica, con ofrecimientos sinceros. Y no pasa nada. La lectura instintiva es que la red falló, o que había menos afecto del que creías.

Ninguna de las dos cosas. Lo que ocurre es que la gente no sabe para qué recomendarte.

Por qué el problema es estructural

Hay dos razones por las que esto le ocurre sistemáticamente a perfiles de alto nivel, y ninguna tiene que ver con carácter o esfuerzo.

La primera es la composición de la red. La sociología de redes distingue hace décadas entre los vínculos que unen a personas parecidas y los que hacen puente hacia mundos distintos. Los primeros dan confianza alta e información redundante, porque quien comparte tu círculo maneja las mismas referencias que tú. Los segundos, los vínculos que ves poco y que pertenecen a otros circuitos, son los que traen información que no tenías. Mark Granovetter documentó esta asimetría en 1973 y la formuló con una idea que se volvió clásica: la fuerza de los vínculos débiles está precisamente en su distancia.

El ejecutivo con larga trayectoria en una misma organización presenta un patrón característico: densidad muy alta de vínculos fuertes, densidad muy baja de vínculos puente. No porque sea mal relacionador. Porque la inmersión corporativa profunda produce exactamente ese resultado. Los años que le dieron autoridad interna son los mismos que le desactivaron el capital de puente.

En América Latina el patrón se acentúa, porque las redes de confianza tienden a ser más cerradas y con menor diversidad sectorial promedio.

La segunda razón es cómo decide el mercado. En mercados donde la información es incompleta y la calidad es difícil de evaluar antes de contratar, el comprador no puede verificar. Necesita una señal que reduzca su incertidumbre, y esa señal es la reputación. Joel Podolny documentó este mecanismo estudiando cómo el estatus ordena la competencia entre productores, y aplica de lleno a los servicios ejecutivos senior, donde nadie puede probar el producto antes de comprarlo.

La consecuencia práctica es dura: tu reputación está operando ahora mismo, en conversaciones donde no estás, decidiendo si tu nombre aparece o no. No es opcional tenerla. Lo único opcional es si está alineada con lo que quieres construir, o si está produciendo silencio donde debería producir oportunidades.

Tres cosas que el lenguaje corriente confunde

Buena parte del mal diagnóstico viene de tratar como sinónimos tres cosas distintas.

La visibilidad es la frecuencia con que apareces en el campo de atención del mercado. Se compra con actividad sostenida. Es necesaria y es insuficiente.

La autoridad es el reconocimiento, por parte de pares competentes, de que tu criterio es informado y útil. No se construye con popularidad, se construye con evidencia.

La reputación es la percepción agregada que el mercado sostiene sobre ti cuando no estás presente. Es la más lenta de construir y la más valiosa.

La visibilidad es el canal. La autoridad es la sustancia. La reputación es el resultado.

La industria de la marca personal suele ocuparse casi exclusivamente de la primera, y ahí está el riesgo específico para un ejecutivo senior: quien ya tiene reputación construida puede dañarla con visibilidad mal gestionada. Contenido apurado, inflado o genérico produce retorno negativo, no neutro. Publicar más no es una estrategia inocua.

Por qué esperar empeora la posición

La reacción más común al salir de un rol es bajar el perfil. Retirarse unos meses, ordenar las ideas, y volver a aparecer cuando la nueva etapa esté lista. Suena prudente y responsable.

Suele ser un error estratégico, por dos razones.

Los vínculos puente, que son la fuente principal de oportunidades nuevas, pierden tu rastro cuando desapareces. No te olvidan, pero dejas de estar disponible en su memoria activa, que es donde se producen las recomendaciones espontáneas.

Y el silencio prolongado se interpreta. En mercados de información incompleta, la ambigüedad se lee hacia el lado conservador: se asume que algo no va bien. Seis meses de ausencia no comunican prudencia. Comunican una pregunta que nadie te va a hacer directamente.

La salida tampoco es la sobreexposición. Es una presencia calibrada y sostenida que comunique, sin declararlo, que estás activo, pensando y construyendo.

Hay una incomodidad legítima, y tiene salida

Existe un obstáculo previo que rara vez se nombra, porque a un ejecutivo senior le parece impropio admitirlo: el networking con propósito de carrera produce una incomodidad genuina, cercana a la sensación de estar usando a alguien.

No es debilidad de carácter. Es una reacción común, y lo relevante no es el diagnóstico, es la salida. No funciona el voluntarismo, no basta con decidir hacerlo de todos modos. Lo que reduce el rechazo es cambiar el marco: entrar a cada relación desde lo que puedes aportar, y no desde lo que necesitas extraer.

Dicho de otro modo, si el networking te incomoda, es probable que estuvieras entrando por la puerta equivocada.

Qué se hace con esto

El primer movimiento no es publicar más ni escribir a más gente. Es más incómodo y más barato.

Piensa en tres personas fuera de tu organización actual, gente que te aprecia de verdad. Si mañana alguien les preguntara en qué eres el mejor, ¿puedes predecir su respuesta con precisión?

Si lo que imaginas es genérico, que eres muy bueno, muy completo, que sabes de todo, entonces no tienes una posición. Tienes buen recuerdo. Y el buen recuerdo no genera llamadas.

La distancia entre lo que crees estar comunicando y lo que el mercado efectivamente entiende es el punto de partida real de este trabajo. Medirla no cuesta dinero, cuesta disposición a escuchar una respuesta que probablemente incomode.

Lo que viene después, alinear reputación con posicionamiento, reactivar las capas de red que la inmersión corporativa desactivó, y construir presencia con criterio en lugar de con volumen, sí requiere método. No es un problema de esfuerzo ni de personalidad. Es un problema de arquitectura, y las arquitecturas se diseñan.

La conclusión que más cuesta transmitir es también la más útil, y es de tiempo: esto se construye antes de necesitarlo. Las relaciones y la posición que se trabajan en los años en que no hacen falta son exactamente las que están disponibles en el año en que sí.

El posicionamiento no es la primera capa del trabajo ejecutivo. Es la última, y la única que el mercado ve. De Experto a Referente trabaja exactamente este problema, con método y no con tácticas sueltas.

Fuentes y referencias

Bibliografía del artículo.

  1. 1.Granovetter, M. S. (1973). The strength of weak ties. American Journal of Sociology, 78(6), 1360-1380.
  2. 2.Podolny, J. M. (1993). A status-based model of market competition. American Journal of Sociology, 98(4), 829-872.
  3. 3.Burt, R. S. (1992). Structural Holes: The Social Structure of Competition. Harvard University Press.

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